miércoles, abril 08, 2020

Carta pública a Ministra de Educación



#Manabí al día
Estimada ministra:

En abril del 2016, los manabitas fuimos víctimas de un desastre natural que cobró la vida de amigos y familiares; en aquellos momentos las familias priorizaron la supervivencia de sus seres queridos.

El inicio del período escolar se lo realizó de manera gradual, tomando en consideración las medidas de seguridad mediante los planes de gestión de riesgos en los que se podrían desplazar a zonas de seguridad establecidas ante la repetición de sismos de fuertes magnitudes que pudieran ocasionar nuevas pérdidas humanas. 

A cuatro años de esta tragedia el contexto global enfrenta una crisis sanitaria de impensadas magnitudes, frente a un enemigo que no se puede observar ni saber dónde se encuentra; no existe zona de seguridad a la que se pueda acudir para no contagiarse si nos encontramos en los predios institucionales.

Ante el conocimiento de que el COVID-19 está latente en nuestro entorno y que el hecho de permanecer en cuarentena no significa que se erradique el virus, y que no existen vacunas ni medicinas que logren eliminarlo, se deben tomar en cuenta los siguientes aspectos: 

La asistencia presencial a clases representa un potencial riesgo para el rebrote de la epidemia y con fatales consecuencias; debido al hacinamiento de nuestras aulas que en la mayor parte de las ocasiones pasan de treinta y cinco estudiantes, no existiría el metro de distancia que se debe tener, además de las extremas medidas de aseo y cuidados permanentes.

El estado debería de proveer insumos de bioseguridad a todos los miembros de la comunidad educativa, docentes, estudiantes, padres, madres, personas que atienden en los bares, ya que las escuálidas economías de nuestros hogares no nos permiten comprar mascarillas quirúrgicas diariamente para cada miembro de la familia.

Gran parte de los docentes se encuentran en estado de alta vulnerabilidad, edad, enfermedades catastróficas, diabetes, inmunodepresoras entre otras.

Estudiantes y padres de familias que aun no se encuentran preparados para adaptarse a un sistema escolar de alta precaución para el contacto social y los hábitos de aseo extremos.

Por tal motivo las clases presenciales NO DEBEN NI SIQUIERA CONSIDERARSE al menos durante este período lectivo, hasta que exista una cura definitiva.

En cuanto a las clases virtuales si bien es cierto es una herramienta que nos acerca a la modernidad, el sistema educativo no está realmente preparado para tal efecto, tendríamos un proceso escolar exclusivo y excluyente, dejando afuera una gran cantidad de estudiantes que no tienen acceso a la tecnología.

Las realidades de las familias que llevan sus hijos a las escuelas fiscales no son halagadoras, en la mayoría de los casos no existen computadoras, ni tablets, ni otros medios informáticos, además de pensar en la escasa conexión del internet para que aquellos estudiantes accedan a las clases virtuales.

Las familias de clase media por lo general poseen un computador, no podrían usarlo en el mismo horario de trabajo dos o más personas, por lo general los miembros de su familia lo necesitan para hacer teletrabajo, y deben poseer más de un computador o un medio tecnológico para poderse conectar.

Cómo docente no podría evaluar a los estudiantes de la misma manera si sus entornos familiares son muy distintos entre sí. 

Ante tal situación quienes hacemos parte de la dinámica educativa debemos plantearnos lo siguiente:

La elaboración de nuevos contenidos en la malla curricular, en función de los desafíos que debemos enfrentar post pandemia

La formación de los docentes alineados con los nuevos contenidos, sensibilizados y comprometidos con la nueva realidad que enfrentamos, y que comprendan que son el eje fundamental en la formación de una sociedad realmente justa, solidaria y ética.

Potenciar de manera efectiva la Inter relación con padres de familia, que puedan comprender el rol fundamental que cumplen en la educación de sus hijos. La familia debe volver a convertirse en el primer agente educativo.

Debe trabajarse en la elaboración de un nuevo modelo educativo en los que pueda profundizarse la relación de los niños y adolescentes con la naturaleza, el valor de la solidaridad en una sociedad necesitada de jóvenes críticos y responsables de sus actos, personas con verdaderos valores éticos, solidarias, capaces de proponer alternativas de solución a crisis.

Incluir en nuestras mallas curriculares aquello que se dejó de lado años atrás y que hoy vemos su necesidad: Educación para la salud, que ayude a comprender la necesidad del cuidado de su cuerpo, de su entorno, Educación ética y moral, Computación, Primeros auxilios, Manualidades prácticas, aquellas materias capaces de sensibilizar al estudiante y lo relacionen con sus raíces. 

Los docentes debemos crear contenidos lúdicos, con ayuda de contenidos científicos. Pero al ritmo que el docente pueda realizarlo. Hoy los docentes al igual que otros profesionales somos víctimas de la depresión, del estrés emocional, y las tareas de casa ocupan gran parte de sus horas al extremar los cuidados de los miembros de la familia.

Este año el planeta nos exige ser mejores personas es hora de que en familia se eduque en valores y aprendamos apreciar la vida en todas sus expresiones. Amar aquello que la tierra nos ofrece, cuidar con verdadero amor nuestro ambiente.

Estimada ministra no nos apresuremos en el inicio de este año lectivo, y trabajemos en el replanteo de un sistema educativo acorde a las necesidades del país, debemos priorizar acciones de supervivencia. 

Hago un llamado a no iniciar de manera inmediata las clases, hasta elaborar el nuevo modelo, con participación de autoridades, maestros, padres y sociedad mediante un diálogo nacional 


Atentamente,

Lcda. Tania Leonor Guillem Gómez Mg. 
DOCENTE

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