Hoy dejo mi testamento,
con tinta y con lamento,
pues este año se va,
y la prensa sigue a pie de lucha, ¡sin parar!
A los periodistas valientes,
que enfrentan retos urgentes,
les dejo mi vieja pluma,
que en la verdad siempre se suma.
Para aquellos que escriben sin miedo,
denunciando el poder y su enredo,
les dejo mi libreta gastada,
para que sigan con su jornada.
A los medios que aún resisten,
y no dejan que la verdad desistan,
les dejo mi desgastado chaleco,
protección ante el fuego seco.
Para los digitales y modernos,
que luchan en campos eternos,
les dejo mi vieja radio,
y mis sueños de cambio sabio.
A los que venden titulares vacíos,
y olvidan el periodismo con bríos,
les dejo mi amarga censura,
y un llamado a la cordura.
El Año Nuevo ya asoma,
con su esperanza y su aroma.
Que el periodismo ecuatoriano florezca,
y en su misión nunca perezca.
